La historia de nuestra organización no empezó ayer. Gran parte de nuestras publicaciones y declaraciones pasadas son hoy poco conocidas. Por ello, hemos decidido comenzar a publicar en nuestra revista algunos materiales de nuestros archivos. Uno de ellos es la presente declaración, publicada en 1999 en nuestro periódico Komsa.
El enemigo con el que soñaba en secreto la burguesía nacional ha sido encontrado. Los capitalistas rusos han conseguido esa misma “idea nacional” en torno a la cual pretenden aglutinar a todo el “pueblo ruso”. El atropello a los intereses del Estado ruso en la arena internacional es el mejor pretexto para avivar una histeria chovinista con el fin de reconciliar a los esclavos con sus amos.
Ya no es posible echarle la culpa de todos los males a la “pesada herencia del pasado soviético”. Sus más fervientes representantes, encarnados en el PCFR (Partido Comunista de la Federación Rusa), han ocupado escaños en los órganos del poder ejecutivo y se han convertido en una parte orgánica del sistema actual. Liberales y patriotas continúan sus disputas intestinas, pero sus intereses convergen en lo fundamental: su principal enemigo interno es el proletariado, y su principal competidor externo es el capital financiero internacional, personificado en la figura de los Estados Unidos. Para combatirlo, la burguesía rusa necesita el respaldo de la mayoría de la sociedad, y en especial de los obreros, por ser la parte más organizada de la misma. No es casualidad que los enfrentamientos entre dos sangrientos depredadores imperialistas (EE. UU. e Irak) se intenten presentar como un golpe al prestigio de la Federación Rusa.
Los recientes acontecimientos en Yugoslavia han cohesionado aún más a la burguesía nacional, o más bien a quienes representan sus intereses en la arena política.
Toda esta histeria recuerda terriblemente a los sucesos del verano de 1914, los prolegómenos de la Primera Guerra Mundial. Solo falta volver a cambiar el nombre de San Petersburgo por el de Petrogrado, asaltar la embajada alemana y lanzarse a una nueva guerra imperialista.
Camaradas obreros, no se dejen arrastrar por la falsa histeria de la burguesía nacional. Toda esta farsa ha sido montada con el propósito de restaurar su maltrecho prestigio y desviarnos de los problemas socioeconómicos y de la lucha por nuestros intereses. De esta guerra, como de cualquier otra, nosotros no sacaremos nada: avisos de defunción, ataúdes, sangre, sudor y lágrimas; eso es todo lo que obtendremos.
La burguesía, en cambio, se llevará el botín y prolongará su existencia. ¡Obrero, no dejes que te engañen ni te arrojen a la trituradora de una nueva matanza imperialista!
Solo sacudiéndote de la espalda a los chupasangres de tu propio gobierno y de toda la burguesía, podrás ayudarte a ti mismo y dar el ejemplo a los obreros serbios y croatas, quienes desde hace tiempo deberían haber dejado de matarse entre sí para volver sus armas contra sus respectivos gobiernos burgueses.
¡Transformemos la guerra imperialista en guerra civil!
¡Viva la revolución comunista mundial!
¡Proletarios de todos los países, uníos!